Desde mi punto de vista Kant empezó tratando de dar respuesta a
la pregunta cómo vivir bien. Él trató de buscar su respuesta en
métodos de conducta y normas morales. Todos lo hacemos al fin y al
cabo. De todas formas, la mayor parte de las personas cambiamos de
filosofía o de ética como de peinado. El caso es que Kant no
conseguía encontrar un modo de vida correcto sin sacrificar la
libertad que él relacionaba con voluntad y autonomía. En su
desesperado intento de reconciliar la libertad y la moralidad,
estableció como único requisito la buena voluntad. Simple ¿no?,
sólo aparentemente. Por que además tenemos que tener en cuenta que
nuestra buena voluntad define nuestro deber, que además debe ser sin
propósito, solo respetando un principio o una máxima a la que
aspiramos. Aspiramos a lo que aspiremos ha de estar fundamentado en
la razón clara y libre de influencias. Pero entonces: la razón
práctica y la buena voluntad determina nuestro deber, nuestro deber
determina nuestra conducta, y nuestra conducta está basada en
nuestra máxima o principios a los que aspiramos, que vendrán
definidos por, de nuevo, la razón práctica. Esto es la pescadilla
que se muerde la cola. Kant tiene un inexplicable deseo de
individualidad, autonomía, libertad y no influencia. Siento que su
ética no explica nada. Parece que su filosofía nunca termina de
arrancar. Mi impresión es que en su intento de definir una ética
que orientara, se lió al principio, y ya se quedó allí. Hecho un
lío. Un lío creado “a priori” de cualquier otra cosa.
Para empezar, no me parece útil la razón práctica. Pues es
imposible desentenderse de las emociones o de cualquier otra
influencia externa. Para mí lo bueno es lo que nos permite
adaptarnos al medio que elegimos o nos ha tocado vivir. Y el medio
nos influencia, luego nosotros influenciamos al medio. Luego debemos
de dejarnos influenciar para decidir. No se puede decidir sin tener
en cuenta el contexto, no se puede decidir sin tener en cuenta como
nos sentimos y no se puede decidir sin tener en cuenta las
circunstancias. Tener una máxima es estar ciego al entorno. Una
conducta decidida a priori según una máxima auto-impuesta no me
parece inteligente, por que no me parece inteligente imponerse una
autodisciplina y no fijarse en las consecuencias de nuestros actos. A
veces lo bueno es malo, y lo malo resulta ser bueno. Todo nos
influye, luego nuestras decisiones influyen a todo. Pero Kant no
quiere pertenecer a este mundo. El sólo vive para su máxima. Y eso,
para mi, es arduo y muy difícil.
"Dormía y soñé que la vida era belleza; desperté y
advertí que es deber."
Immanuel Kant

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