domingo, 20 de enero de 2013

INENTENDIBLE KANT




Desde mi punto de vista Kant empezó tratando de dar respuesta a la pregunta cómo vivir bien. Él trató de buscar su respuesta en métodos de conducta y normas morales. Todos lo hacemos al fin y al cabo. De todas formas, la mayor parte de las personas cambiamos de filosofía o de ética como de peinado. El caso es que Kant no conseguía encontrar un modo de vida correcto sin sacrificar la libertad que él relacionaba con voluntad y autonomía. En su desesperado intento de reconciliar la libertad y la moralidad, estableció como único requisito la buena voluntad. Simple ¿no?, sólo aparentemente. Por que además tenemos que tener en cuenta que nuestra buena voluntad define nuestro deber, que además debe ser sin propósito, solo respetando un principio o una máxima a la que aspiramos. Aspiramos a lo que aspiremos ha de estar fundamentado en la razón clara y libre de influencias. Pero entonces: la razón práctica y la buena voluntad determina nuestro deber, nuestro deber determina nuestra conducta, y nuestra conducta está basada en nuestra máxima o principios a los que aspiramos, que vendrán definidos por, de nuevo, la razón práctica. Esto es la pescadilla que se muerde la cola. Kant tiene un inexplicable deseo de individualidad, autonomía, libertad y no influencia. Siento que su ética no explica nada. Parece que su filosofía nunca termina de arrancar. Mi impresión es que en su intento de definir una ética que orientara, se lió al principio, y ya se quedó allí. Hecho un lío. Un lío creado “a priori” de cualquier otra cosa.

Para empezar, no me parece útil la razón práctica. Pues es imposible desentenderse de las emociones o de cualquier otra influencia externa. Para mí lo bueno es lo que nos permite adaptarnos al medio que elegimos o nos ha tocado vivir. Y el medio nos influencia, luego nosotros influenciamos al medio. Luego debemos de dejarnos influenciar para decidir. No se puede decidir sin tener en cuenta el contexto, no se puede decidir sin tener en cuenta como nos sentimos y no se puede decidir sin tener en cuenta las circunstancias. Tener una máxima es estar ciego al entorno. Una conducta decidida a priori según una máxima auto-impuesta no me parece inteligente, por que no me parece inteligente imponerse una autodisciplina y no fijarse en las consecuencias de nuestros actos. A veces lo bueno es malo, y lo malo resulta ser bueno. Todo nos influye, luego nuestras decisiones influyen a todo. Pero Kant no quiere pertenecer a este mundo. El sólo vive para su máxima. Y eso, para mi, es arduo y muy difícil.

"Dormía y soñé que la vida era belleza; desperté y advertí que es deber."
Immanuel Kant

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