domingo, 20 de enero de 2013

EL VIRTUOSO ARISTÓTELES




Resulta difícil valorar de forma crítica a Aristóteles. Su ética es perfecta, demasiado perfecta quizás. No deja lugar a los fallos y es capaz de nombrar todos los procesos, actividades intelectivas o conductas que tienen lugar en un ser humano. Sus conceptos encajan unos con otros como si fuera un puzzle. Describe toda su filosofía con aplastante lógica y apenas deja espacio para excepciones. Su método es casi matemático. Busca la felicidad a través del desarrollo y la práctica de la virtud en su justo término medio l, de forma que no se convierta en vicio. Propone una filosofía viva. Aristóteles se aleja de los demás eruditos precisamente por eso. El ha desarrollado una teoría práctica y racional de la vida, para alcanzar, ni más ni menos, que la felicidad. La filosofía de Aristóteles es la filosofía de la razón, alzándose ésta como el timón que marca su rumbo.

Es posible que lo único que tenga que criticarle sea la excesiva estructuración de sus ideas. Tantos conceptos y tantos requisitos quizá sean útiles para conseguir vivir en equilibrio o para vivir de forma “perfecta”. De algún modo se percibe la intención de no permitirse el más mínimo fallo en su modo de vivir. Sin embargo, dudo que alguien alcanzase la felicidad a través del ejercicio de su filosofía, por más virtudes que se tengan. La felicidad en si me parece algo más sencillo y simple que toda su jerga intelectual. Me refiero a la felicidad del niño, a su naturalidad y su alegría constante.
Desde mi punto de vista a Aristóteles le faltaba espontaneidad.



Es cierto que la consecución de la felicidad va acompañada de la sabiduría. Pero estoy convencido que hasta el más vicioso, el más alocado y el más insensato de los hombres poseerá cierto grado de sabiduría (y, por tanto, felicidad) al llegar a la vejez. Desde mi punto de vista es la experiencia lo que otorga la sabiduría. De todas formas, no niego que disciplinarse en el desarrollo de las virtudes proporciones cierta sensación de paz, cordura , estabilidad y armonía.

Según Aristóteles, a través del arte no se alcanza la sabiduría. En esto no estoy de acuerdo. Desde mi punto de vista, Aristóteles es demasiado introspectivo, demasiado reflexivo e intelectual. Dice que la sabiduría no es demostrable y esto me deja con un gran vacío en cuanto a al verdadero significado de este término. Ya he dicho que la sabiduría es, para mí, fruto de la experiencia. Aristóteles depende demasiado de sí mismo para alcanzar la sabiduría. Opino que el fruto de la experiencia, o más bien, el propio proceso de desatar nuestras capacidades creativas ( en el sentido artístico), nos regala cierto nivel autoconomiento, lo cual no deja de ser sabiduría.

Me ha sorprendido leer términos como “recta razón” o “ término medio” como forma de no salirnos de lo virtuoso con el fin de alcanzar el bien supremo. Digo que me ha sorprendido pues se asemeja mucho a términos orientales utilizados por el budismo. Siendo el objetivo último de éste llegar a la iluminación (¿bien supremo?). Me parece una casualidad curiosa.

Cada vez más en occidente está de moda la filosofía oriental. A la gente le llama mucho la atención. Para mí su filosofía y Aristóteles se parecen mucho. Por lo tanto, pienso que la filosofía aristotélica influirá cada vez más en nuestra sociedad. Y creo que influirá mucho en la filosofía y la conformación ética del futuro.

Por último, leer a Aristóteles, o estudiarlo a través de las fuentes que he podido, ha conseguido que reorganizara mi cabeza. Su capacidad para definir cada aspecto del alma o mente humana con total sentido y coherencia, ha conseguido que todo el caos de ideas que tenía en la cabeza, hayan sido ordenadas, etiquetadas y clasificadas de una manera que se agradece...la verdad.

Como la vida es al cuerpo, la razón es al espíritu”
Aristóteles



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